Las relaciones son un tema que me gusta investigar y discutir, específicamente aquellas entre marido y mujer. De hecho, es una de las conexiones más significativas que podamos tener nunca, una que puede tener un gran impacto en nuestra vida para bien o para mal.

Lo que ayuda a sostener una relación es seguir poniendo tanto esfuerzo en nutrirla como pusimos en encontrarla. Las citas a ciegas, las citas por Internet, las citas dobles…nos ponemos a nosotros mismos en cualquier situación incómoda imaginable y una vez estamos casados, es casi como si se convirtiera en otro elemento que tachamos de la lista. Matrimonio: hecho. Hijos: hecho. Carrera profesional: hecho. A menudo hemos romantizado la idea en nuestra mente sobre cómo serían nuestras vidas después de casarnos, y frecuentemente esta idea no está basada en la realidad. Inevitablemente, la luna de miel se acaba y la vida sigue. Nos ocupamos en el trabajo, pasamos tiempo con nuestros compañeros de trabajo, nos acercamos a nuestras amigas para hablar sobre los problemas de nuestra relación y salimos con los niños. Acabamos pasando más tiempo separados y confiando en esas personas con las que compartimos nuestro día.

Debemos crear momentos para reunirnos con nuestra pareja para reconectar y compartir. Este es un aspecto fundamental de cualquier relación. Debemos dedicarle tiempo. Esta conexión tiene el potencial de ser totalmente satisfactoria y completa, y de ayudarnos a llegar a niveles de intimidad emocional que todavía no sabemos que existen.

Lamentablemente, las parejas a menudo no invierten de forma constante en nutrir su amor, y cuando surgen dificultades no hay una base fuerte desde la cual trabajar. Por eso pienso que esta idea de nutrir una relación es probablemente una de las claves más importantes. Es el fundamento mismo sobre el cual depende el resultado de futuras experiencias y conflictos.

Por eso me gustaría compartir contigo cuatro claves que son importantes para nutrir las relaciones.

1. Enfocarse conscientemente en lo bueno del uno y del otro. Debemos hacer el esfuerzo consciente de enfocarnos en lo bueno porque eso es lo que nos permite apreciar a nuestra pareja. Esto es algo que hacemos cuando empezamos a salir. Le quitamos importancia a lo negativo y ensalzamos lo positivo. Lamentablemente, después de casarnos la balanza se inclina hacia el lado contrario. Sólo mediante un esfuerzo consciente podemos crear una amabilidad, un cariño y una apreciación consistentes el uno hacia el otro, y hacer así honor a las palabras “hasta que la muerte nos separe”.

2. Apreciar los pequeños momentos de intimidad y risa. Es crucial encontrar oportunidades en la experiencia diaria para unirse y crear momentos y recuerdos juntos. Es importante comprometerse el uno con el otro a que ningún problema u obstáculo será mayor que el compromiso que tienen entre ustedes.

3. Ser vulnerable el uno con el otro. Sé que esta palabra en sí misma no suena atractiva, pero dar tu corazón a una persona que amas y en la que confías es algo bello y necesario. Aunque sea difícil de hacer. Puede que seamos demasiado orgullosos o desconfiemos de volvernos vulnerables, pero de este tipo de abertura puede venir mucho amor y una gran conexión.

4. Reparar. Esto es algo muy necesario porque después de que dos personas discuten, una de ella suele dejar la habitación y no vuelve para decir “Me arrepiento de lo que he dicho”. Se queda enterrado. Y luego llega el día siguiente con otra discusión, frecuentemente sobre algo insignificante como el control remoto o quién va a sacar el perro. Este ciclo se convierte en la norma y pronto se convierte en la parte principal del matrimonio. Unirse de nuevo para reparar es crucial, así como hablar sobre lo que ha ocurrido y cómo crecer gracias a eso.

“El cambio es la ley de la vida. Y aquellos que sólo miran al pasado o al presente de seguro se pierden el futuro”.

- John F. Kennedy

No hay matrimonios estables. Puede que haya matrimonios felices, pero no estables. O avanzamos creciendo o caemos hacia atrás. Esto es cierto en todas las áreas de nuestra vida. No hay una constante; sólo hay cambio y movimiento. Esta es “la ley de la vida”, por eso creo que las relaciones que se nutren son tan importantes. Nos debemos a nosotros mismos y a aquellos que amamos no conformarnos con la mediocridad de ninguna manera, y en su lugar nutrir y permitir que nuestras relaciones se conviertan en la fuente de alegría, apoyo y amor que deberían ser.