Aquí recibimos protección de las fuerzas negativas —ya sea de miradas maliciosas de otras personas o maldiciones— que intentan penetrar nuestras defensas. Cada día realizamos tanto acciones positivas como negativas, pero vivimos bajo un escudo de protección sin el cual nunca podríamos sobrevivir a las repercusiones de incluso una sola de nuestras acciones negativas. Este capítulo nos ayuda a conectarnos con esa clase de protección y a fortalecerla.

Rav Berg escribió sobre Balak

Hay un relato en el Zóhar que habla acerca de un israelita, Tseliyá, que podía volar y estaba persiguiendo a Bilaam; tal como lo ha representado George Lucas, quien renovó las celestiales "Guerras de Galaxias" en nuestra época. Sin embargo, esta guerra en particular mencionada en el Zóhar ocurrió hace 3.000 años. Los dos hombres estaban literal y físicamente en el aire: Bilaam volaba en el aire como un pájaro y Tseliyá lo perseguía sin lograr alcanzarlo. El significado de la historia del Zóhar es que no todas las guerras ocurren aquí, ni la victoria ni lo opuesto, Dios no lo permita. No ocurren en lo físico, ocurren sólo entre aquellos que tienen una conexión fuerte con la Luz y aquellos que quieren maldecir, es decir, bloquear la conexión de nuestro mundo con la Luz. 

Esto se debe a que la Luz es metafísica. No puede verse o tocarse. Y aprendemos en Kabbalah que, si queremos controlar los cortocircuitos en nuestra vida, si hay problemas, no debemos tratar el problema mismo. Así como los médicos que tratan dolencias, y sólo buscan detener la enfermedad y no entienden más allá de eso. Leo acerca de lo que hacen los doctores para eliminar la enfermedad, pero no pueden hacerlo porque en todo lo que piensan es en la realidad material. No obstante, sabemos a través del tikún (corrección) del alma y mediante las palabras de la Kabbalah que, si hay un problema, sólo se puede tratar de una cosa: un cortocircuito. La Luz no viene y no ilumina para que no haya oscuridad.

Debemos identificar esto como algo cierto. Si hay algún problema —no sólo una enfermedad, sino cualquier otro problema en la vida— debemos entender inequívocamente que dondequiera que hay dolor, sufrimiento y enfermedad, lo que falta es Luz. Es como una habitación oscura en la noche en la cual no hay luz. Una vez que enciendes la luz, la oscuridad desaparece. Sin embargo, si hay certeza, como en el Shabat, en el momento en que pienso en Mem Hei Shin, activo la conexión entre el problema y la Luz; creando así un puente que conecta a la Luz con el lugar de oscuridad. ¿Adónde se fue la oscuridad? No me importa, siempre y cuando yo entre en la habitación y haya Luz.

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