Para la mayoría de nosotros llega un momento en el que deseamos encontrar a esa persona especial con la cual compartir nuestra vida. Siempre he creído que podemos atraer más fácilmente nuestra alma gemela a nuestra vida cuando reconocemos que no podemos llevar a cabo todo nuestro trabajo espiritual solos. Cuando se cultiva la humildad, dentro del alma se despierta un profundo deseo de tener una pareja. La humildad es la conciencia de que no estamos destinados a recorrer solos esta vida y que a todos nos convendría un poco de ayuda en el camino. Hasta que no nos abramos a la verdad de que necesitamos a los demás, no podremos crear el espacio necesario para que entre nuestra “otra mitad”. Cuando estamos abiertos a ver que se necesitan dos pares de manos para construir una vida, emerge el deseo de encontrar nuestra pareja. No obstante, la alianza de la que hablo no está necesariamente limitada a otra persona física. La mejor alianza, que también incluyo en lo que digo, es la alianza con el Creador. El Creador es nuestro tranquilo, y a veces silencioso, socio y compañero de vida. Dependemos del Creador y de Su Fuerza de Luz en cada momento del día. Puede que pensemos que nosotros solos navegamos nuestro barco, pero en realidad es el viento del Creador lo que impulsa nuestras velas. Esta semana nos es otorgado el regalo de la humildad para saber que dependemos de la Luz del Creador. Desarrollamos un mayor deseo de formar esta alianza. Ya que sólo cuando reconocemos que necesitamos ayuda, creamos el espacio para que ésta entre. Cuando creamos una apertura, la Luz siempre se apresura a acompañarnos. Ya sea que la Luz llegue a nosotros en forma de cónyuge, alma gemela, pareja o milagro, todas las alianzas son hechas en el Cielo para ayudarnos en nuestro viaje. Fuimos enviados aquí para recorrer nuestro propio sendero en la vida, pero seguramente somos motivados a tomar la mano de alguien en el camino.

Esta semana, nuestra guía cósmica es la porción de Behaalotjá. Behaalotjá significa en hebreo “cuando eleves”. Esto se refiere a Aharón que enciende la sagrada menorá en el Tabernáculo. La menorá atraía la Luz del Creador a los israelitas y al mundo. Fue otra herramienta para crear nuestra Alianza Sagrada con el Creador. La menorá fue un vehículo para crear esta unión perfecta y sagrada con la Fuerza de Luz. Toda persona exitosa te dirá que no logró su grandeza por sí sola. En efecto, detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y detrás de nosotros siempre está el Creador apoyándonos, guiándonos, dándonos la fuerza y los milagros que necesitamos para alcanzar la plenitud que buscamos. Incluso la construcción de la mismísima menorá fue una hazaña que ni Moshé pudo realizar solo. El Creador le mostró a Moshé la visión de cómo construir la menorá y lo ayudó en el proceso. La porción y la energía de esta semana en el cosmos ablanda nuestro corazón y abre nuestra mente para que veamos la necesidad de unirnos con la Divinidad. La unión con el Creador es esa silenciosa, pero necesaria, alianza que necesitamos para lograr nuestras metas y materializar nuestros sueños. Sólo tenemos que estar dispuestos a escuchar los mensajes enviados por Él y a dar pasos en esa dirección. Además, esta porción describe hermosamente la manera en la que el Creador dio instrucciones a los israelitas para viajar por el desierto. La Biblia nos dice: “Y cuando la nube se levantaba de sobre la Tienda, enseguida los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban los hijos de Israel”. Al igual que a los hijos de Israel, nuestro Socio nos envía señales de nuestra próxima parada, pero sólo lo escucharemos si estamos abiertos a las respuestas. A veces la respuesta no es lo que deseamos escuchar y por eso fingimos que no escuchamos nada en absoluto.

Hay momentos en los que podríamos estar luchando en la vida porque rehusamos que entre la ayuda que necesitamos. El orgullo puede excluir a los demás de nuestra vida porque quizá tememos ser vulnerables o necesitar ayuda. Pero la humildad nos enseña que todos necesitamos ayuda. Hasta Moshé necesitó ayuda. Dependemos de la ayuda de nuestros maestros, vecinos, cónyuges, socios, amigos y, más importante aún, de la ayuda del Creador. Puede que pensemos que somos brillantes, pero nuestra visión y capacidades son limitadas. Nuestros grandes planes a menudo pueden derrumbarse, y esos son los momentos en los cuales nos dirigimos al Creador para unir las piezas nuevamente. Crear un espacio en nuestro corazón y nuestra mente para que entre la Luz del Creador es permitir que nuestras bendiciones se manifiesten. Extender nuestra mano hacia el Creador es la alianza que necesitamos para tener el éxito y la capacidad de conectarnos con el Universo Perfecto en el que no hay caos. Caminar solos mientras construimos nuestra carrera y nuestra vida puede parecer una buena idea inicialmente, pero tarde o temprano todos nos encontramos con una barrera de dificultades que ni siquiera las mentes más brillantes pueden superar. En ese momento de desesperación sí buscamos ayuda. ¿Pero no sería mejor haber unido fuerzas con el Creador antes de llegar a esa situación? Esta semana el Creador nos tiende Su mano. Todo lo que necesitamos es la disposición y el deseo de acercarnos y tomarla.

Esta semana en tus meditaciones visualízate en una bella y cálida playa. El ligero color rosa del sol aparece por encima del azul oscuro del océano. Caminas por la playa listo para enfrentar el día. Luego, de repente, sientes la calidez y el toque de otra persona que te toma de la mano. Podría ser la mano del Creador, la de tu ángel guardián o la de tu verdadero amor. Se toman de la mano y sientes una sensación renovada de fuerza, seguridad y certeza. Juntos caminan por el mundo como un equipo, una unión sagrada que es hecha en el Cielo. Como un ángel enviado desde las alturas, ambos atraen bendiciones a la vida del otro y al mundo entero.

Recuerdo el cuento del hombre a quien el Creador pidió empujar una roca. Todos los días el hombre empujaba la roca, pero siempre en vano; no podía moverla. Pasó bastante tiempo, por lo que el hombre decidió dirigirse al Creador. Con el corazón derrotado, lloró frente al Creador mientras explicaba que no pudo lograr la tarea que Él le había puesto. No había logrado mover la roca. El Creador respondió: “Hijo mío, te pedí sólo empujar la roca. Yo sería quien la movería”.