Cuando los niños aprenden a caminar, se tambalean y caen muchas veces. Así es el viaje de la vida. Cometemos errores, caemos, aprendemos, nos levantamos y lo intentamos de nuevo. Sin embargo, siempre he dicho que cuando estamos en un camino espiritual, puede que caigamos, pero cada vez lo hacemos un poco menos. La vida tiene sus altibajos. Quizá intentemos vivir nuestra vida siendo perfeccionistas, pero a veces, incluso el mejor de nosotros puede ser tomado por sorpresa. Podemos resbalarnos cuando menos lo esperamos. En 1960, Wim Esajas, corredor de los 800 metros planos, se convirtió en el orgullo de su país al ser su primer atleta olímpico. Desafortunadamente, le dieron una hora equivocada de inicio del evento y terminó durmiendo durante su desarrollo. Esajas perdió su oportunidad y su país tuvo que esperar otros ocho años para tener otro atleta olímpico. Pero la vida le dio a Esajas y a su país otra oportunidad. La vida siempre tiene maneras de hacerlo. El Creador es amor y el amor siempre da otra oportunidad. Cada semana en el cosmos se presenta una de las 52 energías específicas que se corresponden con cada uno de los capítulos de la Torá. La Torá es nuestra guía y manual de instrucciones para la vida. A través del gran amor del Creador, esta semana recibimos el permiso de ser humanos, cometer errores y también recibimos la misericordia de las segundas oportunidades. Aunque perdamos una oportunidad, siempre hay opciones disponibles para nosotros. El Creador nos enseña que de eso se trata el amor: segundas oportunidades.

Esta semana en la Torá leemos la dramática historia de Shlaj Lejá. El Creador envía doce de los israelitas, líderes justos a cargo de cada una de las tribus, a ir primero a inspeccionar la Tierra Prometida. Debían ir primero y poder informar a los israelitas sobre las condiciones que había allí. Esta fue quizá una prueba del Creador. No obstante, diez de los doce líderes regresaron con un reporte negativo y falso. Mintieron sobre lo que vieron porque temían que si los israelitas hubiesen llegado a darse cuenta de lo maravillosa y bendecida que era la Tierra Prometida, habrían entrado apresuradamente y sus problemas se habrían acabado. En consecuencia, los líderes de las tribus se habrían quedado, por así decirlo, sin trabajo; habrían perdido su liderazgo y poder. Esta posibilidad no les agradaba, por eso decidieron mentir sobre lo que vieron. Para ese momento, los israelitas, que ya habían vivido los grandes milagros del Creador y presenciado muchos actos de Su amor, creyeron las mentiras y dudaron del Creador por completo. ¡Incluso pidieron regresar a la esclavitud de Egipto!

Esta porción de la Biblia es una de las pocas en las que se trata directamente el juicio. A primera vista pareciera ser sólo una historia negativa. Pero detrás está oculta una gema y las bendiciones del Creador, como siempre. El pueblo cayó. Mintieron para mantener su poder. Dudaron del Creador, no confiaron en el proceso e incluso quisieron renunciar a todo el plan y regresar a casa. Mentir, dudar, romper compromisos que tenemos con la gente que amamos, desafortunadamente no es nada nuevo para nosotros. Todos hemos cometido estos mismos errores y somos culpables de cosas incluso peores, pero seguimos aquí. Seguimos para enfrentar otro día porque el Creador nos ama. Él nos apoya para que completemos nuestro trabajo en la Tierra: aprender a amar a los demás como a nosotros mismos. Cada semana, aunque la historia de la Biblia tenga miles de años, en realidad leemos sobre nosotros mismos. La Torá es siempre vigente. Como seres humanos que somos, mentimos. Hemos cuestionado al Creador cuando las cosas van mal y les hemos roto el corazón a seres queridos. Somos humanos y fuimos puestos aquí para cometer estos errores, pero también para aprender y crecer en el proceso. El viaje para pasar del ego al amor no se realiza de la noche a la mañana. Al igual que a un niño que está aprendiendo a caminar, nos dan el amor y la compresión para caer y el permiso para intentarlo de nuevo. En efecto, el Creador estaba furioso con los israelitas y quiso impedirles por completo el ingreso a la Tierra Prometida. Pero esa no fue su decisión final. Tal y como Moshé dice en la porción de esta semana: “El Eterno es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la transgresión”. El Creador nos ama y sabe que caeremos. Pero la Luz siempre estará allí para levantarnos y llevarnos de regreso al camino correcto. No debemos temerle al fracaso. No debemos temerle al abandono. No debemos temerle a no tener éxito, ya que el Creador es amor y el amor ofrece segundas oportunidades.

Esta semana en tus meditaciones, ponte en los zapatitos de cualquier niño del mundo que esté aprendiendo a caminar. Con cada paso en la vida te acercas a los brazos amorosos del Creador. Durante todo el proceso debes saber que caerás y que no hay NINGÚN PROBLEMA con eso. Podrás ponerte de pie nuevamente y el Creador estará allí para levantarte y ayudarte a comenzar de nuevo. De esto se trata el verdadero amor. El amor no es una jaula de perfeccionismo o una sentencia condenatoria. El amor es misericordia. El amor es comprensión. Dentro del corazón del Creador arde el amor por nosotros, y eso también lo podemos encontrar en el nuestro si tan sólo estamos dispuestos a cultivarlo.

Cuando caemos, solemos pedir misericordia para nosotros. Pero cuando los demás caen, pedimos justicia. Si logramos abrir nuestro corazón un poco más esta semana y aprender a darles segundas oportunidades a los demás, podemos estar seguros de que no recibiremos menos que eso.