Las palabras que salen del corazón no son meros sentimientos, sino una fuerza que puede darnos el valor para superar cualquier desafío que pueda aparecer ante nosotros.

Cuando nuestros hijos van a la escuela por primera vez, no hay muchas cosas que podamos hacer después de que se alejan de nuestro alcance. Son puestos en las manos de sus maestros mientras que nuestras manos están muy alejadas de ellos. Pero lo que podemos hacer es mandarlos al mundo con la sabiduría que les enseñamos y el amor que les damos. En lugar de tomarlos de la mano, tenemos el poder de sostenerlos con nuestras palabras y pensamientos. En la mañana podemos ver a nuestros hijos a los ojos y decirles: “Hoy será un gran día para ti. Puedo sentirlo. Recuerda que te amo y que puedes lidiar con lo que sea que te ocurra hoy. El Creador está contigo incluso cuando yo no esté”. Esta clase de palabras se convierten en poderosos escudos protectores contra los miedos, las dudas o los “hostigadores” del mundo. Aún más importante, son palabras que sanan. Ante un espíritu quebrantado, palabras motivadoras pueden rejuvenecer y completarnos nuevamente. Simples palabras de amor renuevan los corazones rotos y las mentes exhaustas. Las palabras que salen del corazón son como brillantes diamantes que podemos sostener cuando la noche se pone muy oscura, cuando el mundo se vuelve muy frío o cuando olvidamos que hay gente en el mundo que nos ama. Claro que dichas palabras no deben ser sólo para niños, sino para todos. 

Nosotros internamente también somos como niños pequeños que aún necesitamos el poder de las palabras como apoyo para sanar y reconstruir nuestra vida. Esta semana, el universo nos ayuda a sanar nuestra mente, cuerpo y espíritu con el poder de los pensamientos y las palabras que son creadas por ellos.

Nuestra porción de la semana en realidad son dos. Las porciones de Tazría y Metsorá. Ambas se leen juntas y están diseñadas para trabajar al unísono para provocar la sanación del espíritu. La energía de Tauro, conocido como el mes de la sanación, comienza a resplandecer en el universo esta semana junto a los poderes sanadores de Tazría y Metsorá. Estas porciones hablan extensamente sobre varias enfermedades del cuerpo y los métodos para sanar y eliminarlas. Estas enfermedades tienen su origen en lo que pensamos y, a fin de cuentas, en lo que decimos. Nuestras palabras tienen el poder de construir o destruir. Tal y como aprendemos en la porción de la semana, cuando las palabras son usadas para destruir pueden, Dios no lo quiera, provocar enfermedades. Sin embargo, como en la naturaleza, el antídoto siempre está cerca del veneno. Esta semana recibimos el invaluable regalo de la sanación de nuestras heridas y experimentamos una restauración total.

A veces en la vida sólo necesitamos un poco de motivación de un amigo para superar momentos difíciles. Puedes sacar a alguien del estado de desesperación con la fuerza de una palabra motivadora proveniente del corazón. En efecto, las palabras tienen el poder para animarnos. Todos enfrentamos dificultades. Todos tenemos miedo de enfrentar el mundo algunas veces. Todos nos asustamos. En esos momentos es sumamente vital tener un amoroso amigo, padre o familiar que nos susurre cariñosamente al oído: “Puedes hacerlo. Sé que puedes. Todo se resolverá. Estarás bien. Yo estaré a tu lado si me necesitas. Te amo”. Estas palabras no sólo son gentilezas, sino palabras que provienen del Creador mismo, quien envía Su amor a través de la gente. Las palabras de amor y motivación no son un lujo, sino una medicina vital que cada uno de nosotros necesita para perseverar en este mundo. Si somos afortunados, nuestros padres habrán llenado nuestro corazón y nuestra mente con palabras de amor. O quizá tengamos a ese amigo verdadero que nos acompaña en los momentos más oscuros de nuestra vida. Pero si no somos tan afortunados, dependerá de nosotros canalizar el amor del Creador hacia nosotros mismos. Podemos hacerlo. Podemos sanar nuestra alma y nuestro cuerpo con palabras de amor sin importar quiénes somos o en qué momento de nuestra vida nos encontramos. Podemos descubrir que las palabras de amor son nuestra herramienta más necesaria y fundamental.

Esta semana en tus meditaciones, visualízate caminando por un frondoso y verde bosque. El cálido césped que pisas es suave y amplio. Cálidos rayos de luz atraviesan las ramas de los árboles. La luz y las sombras bailan sobre tu rostro mientras recorres el camino. Sigue el camino que te lleva a un hermoso y resplandeciente lago. Siéntate en la orilla y obsérvalo. Ve tu reflejo moviéndose y agitándose en el agua. Ahora mírate profundamente a tus propios ojos. Repítete estas palabras: “Hoy será un gran día. Puedo sentirlo. Recordaré que el Creador me ama. Puedo lidiar con cualquier cosa que me toque enfrentar. El Creador me acompaña incluso cuando me siento solo. Puedo lograr grandes cosas y, con la ayuda del Creador, puedo superar cualquier desafío en mi camino. Soy amado. Estoy aquí para dar ese amor a los demás. Tengo felicidad y plenitud”.

Si podemos iniciar cada día diciéndonos estas palabras amables y diciéndoselas a nuestros hermanos y hermanas, sin duda lograremos crear un mundo de paz, amor y la eliminación de todo sufrimiento y enfermedad. No es simplemente algo que creo que ocurrirá; sé que así será.