Es curioso que creamos que seremos felices cuando obtengamos las cosas que queremos en la vida. Puede ser encontrar a nuestra alma gemela o ganar un millón de dólares, pero te diré un secreto: conozco gente que consiguió a su alma gemela y gente que ganó un millón de dólares, ¡y son de las personas más infelices que conozco! Si acaso, parecen tener más problemas ahora que nunca. Ahora bien, ¿por qué crees que ocurre eso?

No se trata de lo que obtenemos en la vida, sino de lo que hacemos con nuestras bendiciones. La manera en la que retribuimos al mundo le da forma a nuestra vida, nos define como seres humanos y origina felicidad desde el interior.

Sé lo que estás pensando. Está bien, Karen. Pero seguro me caería bien un millón de dólares en este momento, ¡también una pareja! Si tuviera esas bendiciones, ¡daría muchísimo! ¡Haría muchísimas cosas buenas con ellas!

Por eso, tengo que preguntarte: ¿En serio lo harías?

Hay una parábola sobre un hombre que se perdió en el mar. Buscaba la costa sin cesar, pero al no encontrarla, se asustó. Con miedo, clama al Creador: “Dios, si me ayudas a encontrar mi camino a casa, dedicaré mi vida entera al estudio. Seré una persona más espiritual. Compartiré mis bendiciones con los demás. ¡Daré dinero a los pobres y ayudaré a alimentar al hambriento!”.

Justo en ese momento, en la distancia, ve tierra. Llora lágrimas de felicidad, y vuelve a clamar al Creador: “Oh, ¡olvídalo! ¡Encontré la costa yo solo!”.

Es una historia graciosa, ¿verdad? Pero, claro, la verdad es que… todos somos un poco como él. 

Creemos que cuando veamos los milagros, seremos mejores. Creemos que una vez que “tengamos”, daremos. Creemos que si tuviéramos un millón de dólares, ¡compartiríamos de maneras maravillosas! Pero la verdadera pregunta es: ¿qué hacemos con las bendiciones que tenemos en este momento? Si tenemos un techo sobre nuestra cabeza, ¿invitamos gente a nuestra casa? Si tenemos un vehículo, ¿les ofrecemos a los demás llevarlos a su trabajo o al aeropuerto cuando lo necesitan? Si tenemos algo de tiempo libre, ¿lo pasamos alimentando a las personas sin hogar, ayudando al necesitado o haciendo voluntariado en nuestra propia comunidad?

Para aclarar, no digo esto desde un punto de vista estrictamente moral. Todos sabemos que es bueno compartir. ¡Lo que no todos sabemos es que compartir nos hace más felices! “Obtener” algo puede darnos placer temporal, pero “dar” nos permite probar la Luz y conseguir plenitud duradera.

Como verás, no tenemos que buscar mucho en la porción de esta semana para descubrir de qué se trata. La historia comienza con las palabras: Y Kóraj tomó… Pues bien, ¡ese fue su problema! Allí comenzó su perdición. Eso fue lo que lo apartó de la Luz y lo llevó a la Inclinación al Mal.

Lo entendimos al revés. Pensamos que “tomar” nos haría felices, pero al dar conseguimos una verdadera plenitud del alma. Inténtalo esta semana y ve qué pasa. En los momentos en los que más desees tomar como “Kóraj tomó”, haz una pausa y encuentra una manera de dar. Encuentra la manera de compartir incluso más allá de tu zona de confort. Fíjate si no recibes más plenitud como resultado. ¡Apuesto a que sí!

Que tengas una semana llena de bendiciones,

Karen