“En el principio creó Dios el Cielo y la Tierra”. Estas son las primeras palabras del libro más famoso del mundo: la Biblia. La Biblia que ha logrado llegar a todo el planeta con sus traducciones en miles de idiomas y que ha sido impresa aproximadamente más de seis mil millones de veces. Es, por mucho, el libro más vendido y más distribuido. Pero ¿de qué se trata este texto antiguo? Los kabbalistas relatan la historia del estudiante que le pidió a su maestro que le resumiera toda la Biblia mientras lograba mantenerse parado en un solo pie. El maestro le dijo al estudiante que la Biblia solo consiste en aprender a amar al prójimo como a sí mismo y que lo demás es simplemente comentario. ¿De verdad es posible que un libro de miles de años hable únicamente de amor? ¿El amor tiene el poder de crear este gran movimiento que ha logrado viajar alrededor del mundo por tanto tiempo? Yo sé que sí. Sé que el amor tiene el poder de hacer esto y mucho más. Considero que la Biblia, en esencia, trata solo de amor. Es el primer testimonio del poder del Creador y del amor que emana infinitamente de Él. La Torá, los primeros cinco libros de la Biblia, es el foco del estudio kabbalístico, nos provee un plano y un manual de instrucciones para la vida. Se dice que el Creador usó la Torá para crear el mundo. La Torá es el agua y el combustible de nuestro espíritu. Es el lugar en donde encontramos el principio del amor y todo su esplendor. Es el lugar en donde somos capaces de conectarnos con la Luz del amor del Creador y, en consecuencia, nos da la energía necesaria para cumplir nuestro propósito en la vida. Esta semana nace el amor. El amor nace en el cosmos, nos renueva y nos reabastece. Este amor del Creador está en la esencia de nuestro ser, el génesis de toda acción y el posicionamiento de nuestra alma. Nos encontramos en el principio de nuestra historia y en el principio del amor.

Nuestro plano y mapa cósmico esta semana es, nada más y nada menos, el principio de la mismísima Biblia, el capítulo llamado Bereshit. Bereshit significa “en el principio”. Marca el inicio del primer libro de la Torá conocido como Génesis. Leemos Bereshit al inicio del año, y esta porción marca el principio del ciclo de nuestras porciones semanales de la Biblia. Sumida en el misterio y una miríada de interpretaciones, en Bereshit encontramos la historia de la creación del mundo. Cada día está diseñado y descrito. Día uno: la creación del día y la noche. Día dos: la creación de los Cielos. Día tres: la creación de la tierra y los mares. Día cuatro: la creación de las estrellas, la luna y el sol. Día cinco: la creación de los animales en el aire y en el mar. Día seis: la creación de seres vivientes en la tierra y del ser humano. Finalmente, día siete: la creación del tiempo sagrado en el que el Creador descansó de Su trabajo. En estos párrafos iniciales de la Biblia recibimos la mayor fuerza y poder de la creación que jamás hayan existido. Es una reserva infinita de energía que supera incluso al poder del sol. En estas frases iniciales comenzamos a aprender y a sentir la Luz del Creador y su inmenso amor. El mundo nació del amor que el Creador tiene por cada uno de nosotros, Sus preciosos hijos.

La Kabbalah enseña que el mundo fue creado para nuestro disfrute. Fuimos creados para ser felices. La tierra es un gran regalo del Creador. Antes de la creación de nuestro mundo, estábamos en unidad con el Creador en una utopía en la que no había carencia, tristeza, dolor, depresión ni problemas. Recibíamos energía y bendiciones infinitas. Al igual que un niño pequeño en los brazos de sus padres, cada necesidad y anhelo que teníamos era satisfecho. Pero como nos enseña la vida, el niño crecerá y este proceso nos muestra lo que ocurrió hace miles de años. Cuando comenzamos a madurar con el Creador en nuestro mundo utópico, nos volvimos inconformes porque, a pesar de que recibíamos todo del Creador, había algo que no recibíamos: no recibimos la satisfacción de dar y sustentar por nuestra propia cuenta. Por eso el Creador, motivado por el amor, nos dio este mundo para que desarrolláramos la chispa de Luz que está en cada uno de nosotros. Como el dolor que todo padre siente cuando su hijo se va de casa, el Creador sintió este dolor aún más, pero nos dio el regalo del libre albedrío; sabía que era la única manera de que alcanzáramos la plenitud que buscábamos. El amor que deja ir a alguien para que pueda madurar y crecer es el amor más puro y abnegado de todos, porque el amor verdadero no tiene intenciones ocultas, ni ataduras o control. Es un amor que libera. Este amor nace esta semana, es un amor auténtico que se cultiva una vez más en nuestro corazón.

A menudo podríamos pensar que amamos a alguien cuando en realidad probablemente solo nos amamos a nosotros mismos. Quizá amamos lo que la persona hace por nosotros o cómo nos hace sentir. Esto es llamado amor de sombra y consiste en cómo la relación satisface nuestras necesidades. Pensamos principalmente en nosotros mismos. Pero si decimos que amamos a alguien, ¿por qué no siempre notamos cuando está sufriendo o tiene algún dolor? El amor verdadero es abnegado. Consiste en entender que a veces amar a alguien significa que debes dejarlo ir. A veces amar a alguien significa que no puedes darle lo que quiere. A veces amar a alguien es permitir que la otra persona ame a alguien más. El amor verdadero es tener la posibilidad de ser libre. Esto es exactamente lo que el Creador, nuestro Padre en el Cielo, hizo por nosotros. Él nos liberó, creó este mundo y campo de juego para que podamos desarrollarnos y madurar espiritualmente. La historia de Bereshit, la historia de la Creación, es la historia de amor. Es nuestra historia. Aquí en la tierra podemos aprender a abrir más nuestro corazón, dar más, compartir más y, más importante aún, encender la chispa del Creador en nuestro interior para que sea una llama luminosa.

Esta semana en tus meditaciones, visualízate en un hermoso campo. Un hermoso campo abierto en el que las posibilidades del futuro son tan amplias como el cielo. Mientras caminas por la tierra, inhala el aire fresco y permítele entrar en tus pulmones. Ese es el Aliento de Vida y te sustenta. Ahora arrodíllate y siembra delicadamente una semilla en el suelo. Esta semilla representa los deseos más sinceros de tu corazón para el año entrante. La siembras con la conciencia de que dormirá en los meses invernales, pero en la primavera crecerá y florecerá. Esta es la semilla del amor. Sembramos esta semilla cada vez que le sonreímos a un amigo, ayudamos a alguien, dejamos que la gente viva su vida e incluso cuando dejamos ir a quienes no desean estar con nosotros. Nos volvemos creadores cada vez que tratamos a los demás como quisiéramos que nos traten.

Cuando sembramos semillas de amor, activamos los mismísimos poderes de Creación. El amor siempre será el resultado, dado que cuando comenzamos con amor, el amor siempre nos esperará al final.