Imagina a un sujeto que está por cerrar un gran contrato y hacer mucho dinero. Justo antes de lograrlo, el trato se cancela y termina quedándose sin nada. Invirtió mucho tiempo, energía, esfuerzo y luego todo desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Perdió todo. La mayoría de nosotros probablemente piense: “Qué mala suerte; ¡qué lástima por él!”. ¿Verdad? Pero ¿qué pasaría si te dijera que ese no es el caso?

¿Qué ocurriría si te dijera que en el panorama completo del crecimiento espiritual de este hombre, perder ese contrato le daría la humildad que necesitaba para conseguir después un negocio aun mejor? De haber conseguido el primero, se habría vuelto muy egoísta, habría perdido su conexión con su Luz interna. Pasar por ese “contratiempo” fue la manera en la que el universo le permitió conseguir una conciencia más fuerte y poderosa.

La idea aquí es que la verdadera recompensa no consiste en lo que obtenemos en el mundo físico. No es el honor, el respeto ni el dinero que ganamos. La verdadera recompensa es lo que obtenemos mediante nuestra evolución. A veces tenemos buenos momentos y otras veces momentos no tan buenos, pero un elemento constante es la presencia permanente de la Luz a nuestro lado.

En todo momento estamos rodeados por ángeles guardianes que se presentan para protegernos. La energía positiva que generamos con nuestra bondad, buenas acciones y dignidad humana fortalece a dichos ángeles. ¿Pero sabes qué? Estos guardianes también están completamente con nosotros en nuestros momentos más difíciles. Cuando estamos tirados en el lodo y no logramos ver la Luz, nos sentimos derrotados, pequeños e inseguros, estamos en el mayor estado de protección. Del mismo modo que una mariposa en su capullo, nuestra alma se prepara para la transformación.

Una de las porciones que leemos esta semana, Matot, habla sobre la batalla de los israelitas contra los medianitas y de su posterior victoria. Como sabemos, la Torá no es sólo un libro histórico, representa el proceso del alma aquí y ahora. Con esto aprendemos que no siempre se trata de la batalla que estamos luchando, sin importar cómo luzca ni lo real que parezca ser. 

Se trata de cómo abordamos la batalla. Las dificultades que conseguimos nos dan la oportunidad de mostrar nuestras verdaderas capacidades, revelar nuestra fuerza, valentía y la magnificencia de quien realmente somos.

Hoy en día, las personas que quieren volverse físicamente fuertes, van y levantan pesas en el gimnasio o van a un entrenamiento grupal. Mientras más peso levantan, practican y se estiran, más fuerte se vuelven. La fortaleza emocional y espiritual requiere del mismo esfuerzo, el mismo “entrenamiento”. Pero no es fácil recordar esto cuando estamos en medio de una crisis o en tiempos difíciles.

A menudo vemos nuestros desafíos como obstáculos en nuestro camino al éxito. Si tan sólo tuviésemos un camino claro, llegaríamos a donde queremos ir. Pero esta semana podemos aprender el secreto de aprovechar al máximo nuestra dificultad. Obtenemos la certeza de que cada situación en la que estamos se presenta para ayudarnos en nuestro crecimiento espiritual.

Que tengas una semana llena de bendiciones,

Karen