En el mundo de hoy se ha vuelto fácil permitir que nuestro corazón se cierre y construya muros entre nosotros y los demás. En un mundo en el que podemos temerle al futuro incierto podríamos terminar operando en modo de supervivencia, una modalidad en la que creemos que solo debemos pensar en nosotros y nuestra propia preservación. Estudios han demostrado que cuando la gente se siente segura y amada, da más y ayuda a otros de modo natural; a diferencia de cuando no se tienen estos elementos. Solo cuando comenzamos a desarrollar miedos y ansiedades comenzamos a construir muros para alejar a la gente y apagar la Luz que tenemos por dentro. El poder que cada uno de nosotros tiene para ayudar a los demás es sumamente menospreciado. Somos hijos del Creador, por ende, estamos hechos de Su esencia. Somos Divinidad y debemos recordar este potencial a diario. En un mundo que suele ser frío, el poder que tenemos para ser un faro de esperanza y amor para los demás no tiene comparación. Puede ser sonreír y decir una palabra amable a alguien nuevo en la oficina que quizá se siente incómodo en su primer día, o tomarte el tiempo para preguntarle “¿Cómo estás?” a la persona que te sirve café a diario; estos simples actos de bondad amorosa no solo traen más amor al mundo, sino que también son enormes fuerzas de positividad que tienen la capacidad para eliminar la tristeza, la negatividad y la desesperanza del corazón de muchos. 

Nunca podemos subestimar que una palabra adecuada o un gesto bondadoso en el momento oportuno pueden hasta salvar una vida. Quizá a veces tenemos que ser de hierro, pero por dentro somos delicadas flores que solo pueden sobrevivir con amor. Esta semana, nuestro corazón despierta de su sueño. Emerge el amor bondadoso. Una sutil y dulce misericordia emana en el mundo esta semana y a su vez nos motiva a activar el poder que tenemos para cambiar la vida de alguien más, y también la nuestra en el proceso. Nuestro corazón es llamado a estar abierto a los demás esta semana para que la gente entre a nuestra vida y generemos un poco más del amor que el mundo tanto necesita. Cuando dejamos que los demás entren a nuestra vida, podemos permitir que se exprese nuestro Creador interno.

Nuestra porción y guía de la semana es Vayerá. Vayerá significa “el Creador se apareció”. Continuamos con la historia de Avraham, que ahora nos habla de su iluminación espiritual y comunicación con el Creador. Llegan tres invitados a su hogar y él les da la bienvenida con el corazón abierto, listo para servirles. De hecho, había estado esperando a que llegaran invitados para encargarse de sus necesidades y compartir con ellos. Así pues, el Creador le envió ángeles disfrazados de humanos. Él y su esposa Sará alimentaron y cuidaron a los invitados como si formaran parte de su propia familia. Esta es una de las muchas situaciones que nos muestran la gentileza y el corazón amable de Avraham y Sará. Los invitados, que en realidad eran ángeles, bendijeron a Avraham y a Sará, y predijeron que un año después Sará tendría un hijo. Un hijo y un milagro a la vez, porque ellos querían enormemente tener un hijo, pero no habían podido. Debido a la amabilidad y la disposición a compartir de Avraham y Sará, ellos pudieron crear una apertura para que ocurriera el milagro de la concepción. Efectivamente, un año después, Sará dio a luz a Yitsjak a sus 90 años. Tanto Avraham como Sará se habían convertido en la encarnación del cariño y la dignidad humana, y debido a eso se convirtieron en los padres de todas las generaciones futuras de gente espiritual. Pasaron sus vidas sirviendo a la humanidad y, en consecuencia, anularon decretos kármicos negativos y atrajeron gran Luz al mundo. Hasta nuestros días, Avraham es nuestro canal de misericordia y actos generosos. 

Pavimentó para todos nosotros un camino de ocupación por el otro. Su hijo Yitsjak se convertiría en el canal para la eliminación de toda tristeza y la creación de alegría duradera del tiempo conocido como Mesías.

Todos somos descendientes de Avraham, y nosotros también tenemos el poder de cambiar nuestra vida si estamos dispuestos a abrir la puerta de nuestro corazón para dar y servir a los demás. Así es como activamos esa fuerza de Amor Divino dentro de nosotros y, simultáneamente, desencadenamos toda su Luz en nuestra vida. A veces podríamos quedarnos atascados en un ciclo que no nos aporta nada. Podríamos sentir que para mejorar nuestra vida debemos centrarnos más en nosotros mismos. Irónicamente, para mejorar nuestra vida tenemos que concentrarnos en cómo podemos servir a los demás. La paradoja de la vida es que, para recibir más, debemos estar dispuestos a dar más. Una mano solo puede recibir cuando está abierta a dar. Todos necesitamos de la ayuda de los demás si queremos hacer de este mundo un lugar mejor. Con el fin de llevar al mundo y nuestra vida personal a un estado más positivo, podemos estar dispuestos a ofrecer nuestro afecto a alguien más, especialmente en tiempos en los que tenemos ganas de hacer cualquier cosa menos dar. Es justo en estos momentos en los que el amor que damos regresa a nosotros y crea bendiciones y milagros inimaginables, tal y como les ocurrió a Avraham y Sará.

Esta semana en tus meditaciones, visualiza a la tierra entera flotando en el espacio. Podemos ver cómo brilla ya que refleja toda la luz del sol. Brilla hermosamente en la oscuridad. Es el hogar de nuestros hermanos y hermanas. Ahora comienza a imaginar a toda la gente en la tierra que quizá esté pasando por algún dolor, esté sola o atemorizada. Permite que su dolor te haga humilde y despierte compasión en ti. Ábrete a sentir el dolor de los demás. ¡Siente la carencia en el mundo, pero comprende que puedes marcar la diferencia que el mundo necesita! Tu amor y bondad tienen el poder de ayudar a una persona que esté en el peor momento de su vida. Ahora toma a la tierra y redúcela a un tamaño pequeño. Imagina toda la tierra que lentamente se encoje y entra en tu corazón. Tu corazón se expande y todas sus murallas caen para permitir que entre tu familia global. Siente las necesidades y los dolores de los demás mientras eres consciente de que una simple sonrisa o compartir con un desconocido puede tener el poder de resolver los problemas de este mundo e incluso salvar una vida. 

Cuando nosotros mismos hagamos los cambios internos para elevar nuestra conciencia a un estado de amor, podremos eliminar el dolor y el sufrimiento en el mundo, y también conectarnos con todos los regalos y los milagros que la vida puede ofrecernos.